Donde mueren las raíces
Por Lucas Vazquez
¿Qué es ser nativo? Es un factor que no solo remite a un hecho biológico o geográfico de haber nacido en un lugar, sino es estar ligado a una tierra, una cultura o una memoria colectiva de unos pocos. Eso es algo que diría alguien con cierto conocimiento o que quiere dar una mirada más simbólica a la palabra, pero la verdad es que la importancia actual de aquello es nula, tan así que aquel desinterés se vuelve en odio, y ese odio… en destrucción.
Enterraron a uno de los suyos, pensó, escondido entre las malezas del monte que lo acogían tanto y lo abrazaban en las noches de frío, o lo camuflaban en los momentos de persecución. No podía acercarse, no quería unirse al fuego ni ser el abrigo de alguien todavía. Aquellos, los otros, los sin nombre, los que se comunicaban simbólicamente y pintaban las rocas de sus sierras se solían reunir entre los más grandes muros que había en esos lados. Aunque le molestara y le generará intranquilidad, sabía que no se moverían de allí, como él. Él tampoco lo haría ¿Sino a donde iría? ¿Para qué tendría que hacer eso si él venía de allí también y era lo único que conocía? El jamás abandonaría su tierra, salvo que lo obligarán abruptamente a hacerlo. El estaba en desventaja, no podía hacer mucho ante lanzas y rocas puntiagudas, sus cuatro patas con garras no eran lo suficientemente fuertes para sobrevivir. Lo único que lo mantendría a salvo es su pelaje gris, con el que podía pasar desapercibido.
Realmente tenían en común más de lo que creían: ambos eran dueños de esa tierra lejana y vegetativa, no conocían mucho sobre el afuera y siempre corrían peligro de ser echados. Quizás que ellos lo cazaran era lo más natural y cíclico después de todo.
Y en un atardecer pasó, solamente que no lo agarraron a él. Él lo vió todo desde un hueco, temblequeando de temor. Otros más llegaron, cortando a su paso los espinales y destruyendo su guarida. Se defendieron como pudieron, cubrieron a las crías y al alimento, pusieron el pecho y sus lanzas al frente en vano, ya que las que aquellos portaban no eran ni de un hueso mal afilado ni de piedra, eran de hierro. Todos fueron cayendo de bruces al suelo junto a una herida atravesada.
Los cantos y los alaridos se callaron, las pinturas se secaron y la escena se fue borrando y tergiversando con el paso del tiempo. Todo poco a poco fue desapareciendo y cambiando, ya ni siquiera él mismo se sentía igual en ese momento. También había evolucionado. Ahora, se sentía con más miedo que antes, entre los animales y los espíritus que quedaron siendo parte de las raíces del monte se percibía un horror invasivo y represivo.
¿Por qué todo cambiaba tan rápido? La montaña se iba desmoronando y de ella salían estructuras nunca antes vistas. Había oído cuchichear a las liebres de que en otras partes también estaba sucediendo lo mismo, incluso tal vez peor. Pero mucho no podía pensar, se sentía bloqueado por el ruido hambriento de su estómago reclamándole que tenía que comer, pero no quería salir de su refugio, estaba aterrado. Ya ni las aves volaban, ¿Qué era todo esto? ¿Por qué tuvo que ocurrir? ¿Formaba parte de un “progreso” como había escuchado de aquellos seres orgánicos con casco? Pronto no había nada por defender, se encontraba en el medio de un gran camino que conectaba a los ríos y en el que transitaban bestias a gran velocidad por las que tuvo que acostumbrarse a ser atropellado.
A veces se volvía a sentir ilusionado, volvía a tener la emoción del principio, en el que, pese a que era una presa, todo se sentía en orden y se sentía en casa nuevamente. Desde los escombros de cemento, entre las ondas eléctricas, surgía un brote verde y virginalmente fresco que se asomaba a recibir la luz del sol. Y a un costado, una de su especie daba luz a sus primeras crías, estas recién nacidas tenían mucho que aprender todavía…
Pero una ráfaga abrasadora de fuego arrasó con todo nuevamente.



