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Donde el aire no alcanza

Por jalerey

Hay un animal antiguo
que respira debajo de nuestras lenguas,
hijo del viento y del barro,
madre de todos los nombres.

 

Antes, sus pulmones eran infinitos:
hojas, ríos, cantos,
el rumor de los pueblos
viviendo dentro de un mismo aliento.

 

Ahora lo escucho jadeando.
Sus venas se quiebran
como ramas que ya no recuerdan la lluvia.
Las sílabas caen al suelo
y nadie las recoge.

 

Los gritos arden,
pero el humo sube solo a sus torres.
Nuestros ecos no atraviesan el concreto,
nuestros susurros mueren
antes de tocar el cielo.

 

Ellos dicen que somos ruido,
que nuestras raíces son sombra,
pero no saben
que de nuestra sangre nace su oxígeno.
Cortan las ramas,
mutilan la garganta que los sostiene,
sin entender
que cuando este animal muera
serán ellos los que no podrán respirar.

 

Y llegará el día
en que el último latido
se hunda bajo la tierra.
Ese día buscarán el aire
y el aire ya no tendrá nombre.

Jacqueline Leon

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