La Lengua Como Actor Social: Resistencia Y Reparación
Por Nicolas Castillo Galindo
Se le conocen como “lenguas muertas” a aquellas lenguas las cuales, a causa de un desplazamiento por las también conocidas “lenguas dominantes”, han perdido a todos sus hablantes nativos. Esta definición, aunque certera, podría agregarse que una lengua muerta, además, es aquella lengua que ha perdido la sobresignificación dentro de la misma. Una lengua muerta, como podrían ser el latín o el griego antiguo, que tiene fijos sus significados según su significante, mientras que una lengua viva puede contener, dentro del significante, multitud de significados. Es el uso y la transformación constante que se da en la lengua lo que la mantiene viva. Hay lenguas que han de luchar su supervivencia más que otras, en específico las lenguas indígenas que, gracias a las lenguas opresoras, se ven siempre desplazadas y heridas por estas mismas. Es cuando estas lenguas, en busca de una supervivencia, recurren a cualquier medio cultural y de apoyo para, así, subsistir en el tiempo y no terminar muertas.
Hay lenguas que sus significantes tienen un significado tan grande que son casi impensables en lenguas “dominantes”, significantes simples, de una palabra incluso. Resaltan lenguas indígenas como la “Kamëntšá”, lengua hablada por el pueblo Kamëntšá, originario de los municipios de Santiago, Colón, Sibundoy, San Francisco y el corregimiento de San Pedro, en el departamento de Putumayo, Colombia. Este pueblo, en específico, conoce su tierra como “Wamán Lware”, que se traduce como “nuestro sagrado lugar de origen, lugar de partida y llegada”. Se ve, entonces, cómo el nombre de la tierra habitada trasciende un significado simple (concibo “simple” como aquello que sigue la tendencia y que, a su vez, no implica comprensiones profundas) a un significado casi metafísico. Repercute en la concepción de lengua que hay en la sociedad actual. “Wamán”, por su parte, significa “alma” o “cuidadosa”, según el contexto que se le dé. “Fšants mamá” es traducido como “madre tierra”. Los ejemplos son demasiados; podría seguir dando traducciones de lenguas indígenas, pero me parece que lo importante a resaltar es el cómo estas lenguas aún no mueren. Por el contrario, son lenguas que resisten día a día.
Esta lucha es, entonces, con las lenguas opresoras, lenguas que buscan la exclusión de otras, como vendrían a ser el español, inglés, francés o alemán. Lenguas posicionadas en la sociedad como lenguas “útiles”, lenguas de las que se despliegan procesos autoritarios y que apoyan la sociedad capitalista actual, que, disfrazadas de desarrollo, actúan a causa de ese estatus y, en apoyo al mismo status quo, buscan la erradicación de estas lenguas. Nelly Kiuru, delegada por la Macro Amazonía de la ONIC en la Comisión Nacional de Comunicación de los Pueblos Indígenas (CONCIP), ha expresado su descontento con esta situación: “Cuando se pierden las lenguas, se pierden las ideas” (CLACSO TV, 2025). Y es la verdad. Vemos cómo, en palabras simples, hay detrás un significado que va mucho más allá de la palabra en sí. Es cuando la preocupación por estas lenguas y su existencia se ve aumentada. Es de temer que las “ayudas” que se dan a las comunidades indígenas, como la conexión al internet, sean, por el contrario, un daño más a la comunidad. Se cuenta cómo, a causa de ese “desarrollo”, se ve que las nuevas generaciones de la comunidad, influenciadas por los medios imperialistas que entran, persiguen y señalan a la comunidad, se ven, poco a poco, menos pertenecientes a la misma. Buscan, entonces, salir y perseguir el “desarrollo”.
Hay que preguntarnos, entonces, qué significa pensar las raíces. Pensar las raíces no solo del idioma, sino de los pueblos. ¿Qué significa que la literatura, lo que leemos, sea completamente ajena a nuestras raíces? La lengua, por sí misma, es una estructuración lógica de la misma sociedad, consecuencia de la necesidad de intercambio de contenidos. No es un simple enredo de sonidos varios sin sentido. Es, por el contrario, una demostración de unión, una demostración de cómo la banal idea de que el humano es egoísta por naturaleza es un mero error. Demuestra la unión que se propina desde un grupo de personas que buscan apoyo mutuo. Es el lenguaje mismo. Benveniste ya concluyó lo mismo hace un tiempo: “Si la lengua es algo diferente de un conglomerado fortuito de nociones erráticas y de sonidos emitidos al azar, es porque hay una necesidad inmanente a su estructura, como toda estructura” (Benveniste, 1977, p. 48).
Se aprecia que la lengua es un gran medio por el cual expresar la cultura de una sociedad (entiéndase “sociedad” como el grupo de humanos que comparten lengua y acuerdos que sustentan la sociedad misma) y que, además, alcanza a repercutir como el producto cultural propio de una sociedad, plagada de referencias internas que mantienen viva a la misma. Es, entonces, correcto decir que la cultura de una sociedad engloba tanto el lenguaje como las costumbres propias de una sociedad. No hay una jerarquía clara, pero esta misma se inclina a una superposición del lenguaje, ya que, aparte de ser producto, es también medio por el cual sobrevive. Se ve, entonces, una característica propia del lenguaje: es que, a diferencia de la cultura, el lenguaje busca su propia supervivencia.
Hemos visto, entonces, cómo la lengua adquiere, poco a poco, cualidades propias de un ente viviente, como bien es la constante transformación de la misma y el ímpetu por la supervivencia propia. Es, entonces, cuando habremos de preguntarnos si estamos enfrentando no un mero concepto, sino, por el contrario, un actor social más.
Bibliografía
CLACSO TV. (2025, 2 agosto). Resistencias y luchas desde los pueblos indígenas y las diversidades #clacso2025 [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=I40KJ065S44
Benveniste, É. (1971–1974). Problemas de lingüística general (Vols. 1–2). México: Siglo XXI Editores.



