top of page

Todos conectados

Por Ems/Emma López

Érase una vez un yo, o una yo. Soy Nadia, o nadie, o no sé mi nombre, solo aparecí aquí en el aire, volando cual polen arrastrado por el movimiento del mundo. Tuve que aparecer aquí por algo. ¿Será porque todos estaban muy callados? Querían un poco de entendimiento yo creo.  Por ahora me llamaré Nadia hasta recordar el resto mientras cuento lo que me ha pasado.

Estaba caminando por la espesa montaña de los Andes, portada en boca, manos y expresiones de los más importantes líderes hasta los más diligentes miembros trabajadores de la comunidad. Viajé por las corrientes marinas, por las brisas más altas, por cada playa, manglar, río, valle, cerro, bosque, cueva, sabana, montaña, estrecho, quebrada, y más. Recorrí cada rincón que pude del planeta. No soy turista, soy viajera y he recorrido cada parte que he imaginado, cada travesía con diferente forma, diferentes nombres, solo he fluido de forma única y distinguida en cada aventura. Cada uno me ve diferente, unos me dan ya por sentado y otras me buscan, quieren conocerme más. He sido de gran ayuda para todos los que me conocen, aunque ni siquiera se den cuenta. 

Sin mí no podrían vivir más, a pesar de que antes no me hayan tomado en cuenta todos. Solo los animalitos, la tierra y su ruido que comunica han sabido bien desde el inicio que se necesita alguien como yo para conectarnos y ser grupo, ser unión y unidad. Unidad comprende entendimiento. Si todos me sabrían como mencionarme podrían entenderse, pero hay el conflicto de que muchas veces deciden ignorarme y ponerme en segundo plano, hundiéndose en su mente y su individuo.

Con el pasar del tiempo me volví uno con la cultura y tradición de la gente. Al darme a conocer todos me recordaron toda su vida y me hice parte de cada momento importante o simple de cada humano. Los que me inventaron, los que me aprendieron, los que me disiparon y los que me transformaron y moldearon. 

¿Soy hombre o mujer? No tengo sexo, ni religión, no tengo límites ni bordes que me detengan, siempre y cuando la gente diga quien soy. Tengo amor, tengo odio, tengo valentía, miedo, vanidad, tengo belleza y fealdad (según quien me vea y desde donde, claro); tengo poder o me creo tenerlo, tengo fortaleza, tengo debilidades, armas y símbolos de paz; tengo ira, tengo paz, tengo bien y mal; soy todo, todos y nadie ni nada, a cada segundo hay mucho ruido provocado por mí.

Me parezco a muchos de los humanos. Aunque soy de ellos, no soy uno de ellos, y ahora comprendo que lo parecidos que somos es lo que nos mantiene unidos. 

Ahora recuerdo, no soy alguien, pero soy real. Soy la construcción de los conceptos sobre mí. No soy de carne y hueso, pero me aparezco en toda situación para bien o para mal. Mi misión siempre ha sido expresarme, ser libre, ser liberada en todos y por todos. Soy el lenguaje, una raíz de toda expresión humana que revele sus sentimientos. Ya descubrí quien soy.

Emma es una apasionada del arte, especialmente de la redacción. Ecuatoriana, con raíces y cultura de Quito y Santa Elena, lugares que influyen profundamente en sus obras. Su estilo se caracteriza por usar un tono íntimo, reflexivo y metafórico. Su objetivo es de dar a conocer su arte al público y conectar con los lectores, dando apertura a despertar la creatividad en otros.

¡Suscríbete!

Regístrate con tu dirección de correo electrónico para recibir noticias y actualizaciones.

¡Apóyanos!

Puedes apoyarnos a nuestro proyecto a través de donaciones
bottom of page