Adaigo en Babel
Por Thomas Fonseca
De estas palabras que salen hoy de mí,
nacerán metáforas de un desconcertante frenesí,
y yo, su creador, me vuelvo prisionero;
de su quebrantador venir, laberinto de marfil.
De mi garganta, brota un enigma que no tiene fin.
Intento domarte, pero tus colmillos me hieren,
trato de llamarte, pero furtivo me esquivas:
Lirio perdido entre los escondrijos de mi voz.
Lenguaje, brote del castigo ya lejano.
Por los ríos de tu existencia, fluyen formas,
innumerables presencias.
Eres cordero manso que teje hilos de luz,
alborada dulce que disipa dolores del vivir,
brisa de estrellas doradas de noche.
Pero también aguardas el infortunio…
y te vuelves serpiente de sílabas,
envenenas jardines enteros,
tientas contra la carne,
estrangulas los sueños que ascienden,
de las almas del ayer, del hoy, del mañana.
La maldición de Babel, yace entre tus entrañas,
quemando los álamos de lo conocido y cotidiano,
desgarrando plegarias en ojos de espejos.
¿Cómo en ti puede morar lo malo y funesto,
dando lugar al mismo tiempo,
amigables afectos y aromas?



